La Reina Regente, María Cristina de Borbón,
otorgó a Puente Genil su Feria Real en 1834
La Feria Real de Puente Genil,
nació de la vocación
comercial y mercantilista de nuestro antecesores, en una época
en que los ánimos localistas estaban, en nuestro pueblo a la orden
del día, y sobre todo exaltados ante importantes expectativas
de desarrollo que presentaban aquellas fechas, para una localidad,
que nacía del fruto de la unidad y la sociabilidad de las gentes
de otros dos pueblos que había sido separados por la naturaleza.
Aunque fue en agosto de 1835
cuando Puente Genil celebró su
Primera Feria Real, es en enero de 1834 cuando oficialmente se comienza
a hablar de esta posibilidad en las actas capitulares del Ayuntamiento.
Así en el cabildo del 23 de enero, los regidores municipales acordaron
pedir al; Señor Subdelegado de Fomento, la competente Licencia
para establecer dicha feria en el día quince de agosto de cada
año
Entre los motivos que argumentan
estos señores
para proponer dicho acuerdo, llama la atención que señalan
que la pobreza del vecindario está atendida, argumentando además
la buena localidad que tiene el pueblo para los muchos que lo circundan,
así como abundantes y cómodos aguaderos del río
Genil para establecer una feria real que traerá a estos vecinos;
conocidas ventajas y utilidades.
Con anterioridad ya habían existido ferias en
la localidad, en el mes de mayo y en el de septiembre, pero se trataba
de ferias que podríamos llamar menores. Esta Feria que acontece
en esta fecha, va a tener un carácter especial, que la señala
como una de las más antiguas con este carácter de la provincia
y la comarca, que no es sino el hecho de ser otorgada por la bondad de
Su Majestad la Reina, en este caso, de María Cristina, la Reina
Gobernadora o Regente del trono de España, tras la muerte en 1833
de Fernando VII, y durante la minoría de edad de su hija, la reina
Isabel II, sucesora legítima de la corona.
Una época bastante conflictiva para nuestra nación,
debido sobre todo a los cambios políticos y económicos
que estaba deparando la caída del antiguo régimen absolutista,
dando paso a nuevas libertades. Entre estos cambios sociales y económicos
está la ascensión del sector de la burguesía que
quiere ocupar puestos de responsabilidad política, apoyándose
en las ideas ilustradas del siglo anterior. De esos ilustrados parte
también la idea de fomento de las ciudades y pueblos; y la celebración
de ferias de mercado son algunas de las consecuencias de esta nueva filosofía
que emerge en el siglo XIX.
Por otra parte Puente Genil,
se encuentra en estos momentos inmerso en el proceso de unidad de
los dos pueblos (Puente de Don Gonzalo y Miragenil), es decir en el hecho
histórico de mayor trascendencia
habido en dicho siglo. Es por tanto que se entiende esa euforia con la
que los regidores (concejales de entonces) quisieron solicitar esta feria
cuya Real importancia vendría a dar esas ventajas que se mencionaban
en el acta del cabildo.
La autorización llegó a finales de mayo,
concretamente en el cabildo del día 31, se vio un oficio del Señor
Gobernador Civil de la Provincia, con fecha 26 mayo por el que se comunica
la Real Orden de 13 del mismo, en que Su Majestad la Reina Gobernadora,
se ha servido conceder a este ayuntamiento la Real facultad que le tenía
pedida para celebrar una feria anual en el día quince de agosto
y en los tres siguientes. Sin embargo este oficio indica que esta concesión
no suponía la de tener franquicia de derechos, ya que ésta
debía concederse por el Ministerio de Hacienda.
La concesión de franquicias era algo esencial
para obtener éxito en la feria, ya que ello suponía una
exención importante de impuestos sobre las mercancías que
podían venderse en este mercado. En este sentido, los que gobernaban
nuestro pueblo por aquel entonces, se apresuraron a solicitar inmediatamente
de dicho ministerio, la libertad de derechos en la citada feria, lo menos
por cuatro año.
Como esta petición no fuera atendida prontamente,
en el cabildo del 15 de noviembre del mismo año, se acordó repetir
la misma solicitud, haciéndose ello por el presidente en nombre
de toda la Corporación Municipal.
Como en todas, en la primera
feria de agosto de 1835, fueron necesarios importantes preparativos.
Para hablar sobre éstos,
El Concejo y Regimiento
de la Villa, dedica un cabildo completo a este único
tema. Así que en atención a que se aproximaban los días
en que se debía de celebrar el acontecimiento, es necesario que
alguien se encargara de situar y colocar a los concurrentes a la misma,
especialmente a los mercaderes, al objeto de que se sintieran cómodos
en el recinto, al igual que los visitantes. El acta refleja; al ser el
primer año y no estar concretados aún a situarse en sitios
oportunos y cómodos sus concurrentes, para la mejor ventaja de
sus efectos, para que el público pueda con facilidad y prontitud
encontrar aquellos en que se desee emplear, se hacía indispensable
tomar medida para el arreglo de todo con anticipación y oportunidad,
y en consecuencia acordaron que el Presidente del Concejo (Alcalde) como
regente de la jurisdicción y encargado de la policía, cuidara
el método que deba y convenga seguir para la situación
de todos los puestos que hayan de establecerse (...) mandando publicar
por medio de edictos y pregones que todas aquellas personas que hayan
de establecer puesto alguno en citada feria, de cualquiera clase que
sea, no o verifique sin que antes se presente a nuestro regente, el que
le señalaron según el objeto que haya de vender, el sitio
que tenga por conveniente, en la inteligencia que el así no lo
verifique será multado.
En aquélla remotas fechas se señaló el
sitio donde debía instalarse los mercaderes de sedas, plata y
paños, y también la ubicación del ganado en los
ruedos próximos a la Plaza Nueva.
Como dato curioso se significa
en el acta del Concejo que los esclavos ocuparían el lugar intermedio entre los semovientes
y las mercaderías.
El concepto de feria desde entonces
ha cambiado mucho. Mientras antes se hablaba de una feria comercial,
hoy sólo se
plantea el comercio dentro del aparejo lúdico de la fiesta. Es
decir, la fiesta se ha comido a la Feria. Hoy en día no existen
esas transacciones comerciales, exentas o no de impuestos, pero sí el
aparato festivo, que es el centro de la Feria. Pero ¿en aquel
entonces existía este mismo o parecido aparato festivo?. Posiblemente
sí, ya que en todos los lugares donde existía un encuentro
comercial, surgían también tenderetes que llamaban la atención
sobre la diversión de las personas que visitaban el recinto. Recinto
que no podemos reconocer por lo transcrito en las actas capitulares de
entonces, al menos hasta donde ha llegado nuestra investigación.
Desde 1835 hasta nuestros días, miles y miles de pontanenses han
disfrutado de un acontecimiento que nuestra ciudad ha llevado a gala
durante su historia, gracias a una concesión de la reina María
Cristina.
A pesar del grado de interés que pusieron los
munícipes en poder celebrar una feria de carácter real
en la villa, en ese año emblemático para
Puente Genil
de 1834, y a pesar de tener todas las autorizaciones, la feria, sin
embargo no pudo celebrarse.
El motivo no fue sino un hecho
luctuoso y lamentable. Corría por aquella época en toda Andalucía unas
pandemias de una enfermedad que hoy podríamos calificar como de
gastroenteritis contagiosa, lo que se llamaba por entonces; Cólera
Morbo, que mermó la población andaluza, entre los años
20 y hasta los 40 del siglo XIX, repitiéndose incluso en varias
ocasiones sobre una misma población. Las malas costumbres higiénicas
fueron las causantes de gran mortandad entre la población,
y Puente Genil no se libró de ello, porque tuvo que ser precisamente
en el verano de 1834 cuando la enfermedad se paseó por la villa.
Ello fue motivo evidente para
no tener ningún
tipo de celebración, ni de ferias, por lo que la primera Feria
Real de nuestra ciudad no se celebró en este año, como
estaba previsto, sino en 1835, una vez desaparecida la enfermedad entre
sus gentes.
Todo este hecho se manifiesta
en el siguiente cabildo que en el proceso del tiempo se menciona
nuevamente la feria, que es en el de 9 de septiembre de ese año
1834. En su acta se menciona que la feria, no ha podido tener efecto
en el corriente a motivo del cólera morbo que se ha padecido en
esta villa, En este cabildo se plantea la necesidad de realizar la publicidad
de la misma para el próximo año, y de esta manera, para,
facilitar la concurrencia que se apetece y concretando que uno de los
medios es el de que se anuncie en el calendario por el mismo orden que
se hace con las demás
concedidas; acordaron que se oficiara a un empresario cordobés
que se dedica a la publicación de almanaques, para que se anotara
en ellos la Feria Real de Puente Genil.
El
15 de Agosto de 1834 fue el primer año que
se celebró la feria en esta fecha, en el antiguo Pontón
de Don Gonzalo, y fue en el año 1923 cuando se traslado
a "La
Matallana", posteriormente en el año 1973 era instalado
el recinto ferial a la Plaza Jesús Nazareno y lugares colindantes
y desde año 2000 tiene su emplazamiento los terreros de
la antigua "Santa
Filomena".